CONTRADICIÓN | Discografía | Dossier de Prensa | Próximos Conciertos | Actualidad
|
Eliseo Parra: Voz, Guitarra, Percusión.
Eduardo Laguillo: Teclados, Percusión, Guitarra y Voz. Xavi Lozano: Saxo, Ambientación Sonora y Voz. |
|
Contradición
Nuevo CD ya la venta
“Que la música es terapia, es un secreto a voces casi tan ignorado como olvidado. Cuando había que “manufacturarla” porque no había otro medio de disfrutar de ella, aliviaba el trabajo, dormía a los pequeños, entretenía las largas veladas invernales, amenizaba las tardes estivales, era indispensable para bailar, para comunicar anhelos, enseñar ética, lanzar chanzas, etc… o sea, para emocionar; exactamente igual que ahora pero con menos participación activa, gracias a los medios de reproducción que tiene hoy la música grabada. Y aunque se que la música es mucho más todavía, después de 40 años largos de trabajar con ella en varios estilos, la vertiente que más me interesa de ese arte tan cotidiano, es la de quitar pesares y contentar al que la escucha, hacer esbozar una sonrisa, mover el cuerpo, cantar… en definitiva es una invitación a participar, intentando recrear el espíritu de los temas registrados en este disco.
El tiempo dirá si lo hemos conseguido”.
Sobre el sonido del disco:
Después de años de consolidación de la banda, es en este disco donde más la aprecio -en todos los sentidos-; el aporte mutuo al trabajo, la complicidad, la broma y el compromiso están patentes de principio a fin. Cuando escucho el disco, me vuelve la sensación que recuerdo cuando oía los discos de las bandas de las décadas de los 60 y 70, la de sentir tocar al grupo en directo… estoy contento.
Gracias.
Eliseo Parra
CONTRADICIÓN, el título del nuevo disco de Eliseo Parra, alberga tres conceptos según su autor:
CON TRADICIÓN, porque es un trabajo basado en la música tradicional; obvio.
CONTRA ADICCIÓN, sí, sí, contra la adicción a la estupidez, que tan en boga está.
CONTRADICCIÓN,…? la vida es una contradicción, como la portada del disco.
Eliseo Parra, nacido en La Ribera del Duero un mes antes de la década de los 50, desde niño empezó a mostrar gran afición, primero por el baile y más tarde por el cante.
Fue creciendo acompañado siempre por la música, cantando en casas de vecinos, en rondallas, en el coro del Instituto…etc., mientras vivía en Valladolid.
A los 14 años de edad la familia emigra a la Barcelona de los años 60 y es allí donde, sin quererlo, se convierte en músico profesional a los 18 años y estudiante libre en el Conservatorio Municipal.
Casi desde el principio fue batería-cantante en bandas de rock como “Mi Generación”, con la que grabó dos L.P.s y un single entre 1971 y 1973, reeditados 35 años después por Wha-Wha Records.
Después vendría la época “Zeleste” tocando con “Blay Tritono”, “La Rondalla de la Costa” y “Sardineta”, grupo “mítico” con el que giraban por Europa actuando en la calle y en locales.
En aquella gran Barcelona de los setenta, acompañó en directo o en disco a Ovidi Montllor, Gato Pérez, María del Mar Bonet, Marina Rossell o “Al Tall”, entre otros.
En esta época empieza a abandonar la batería para entrarse más en el canto y la percusión menor para convertirse en cantante de “salsa” con orquestas como “La Platería”, “La Sonora Catalana” o “La Negra”.
En 1983, se traslada a Madrid con el grupo “Mosaico”, ya para hacer música tradicional; dos discos fueron fruto de aquella unión: “Homenaje a Agapito Marazuela” (1984) y “De raíz” (1985).
Al deshacerse el grupo, trabaja con Elisa Serna, Ángel Carril, María Salgado y muchos más de toda índole.
Vuelve a grabar en 1992 “Al Bedrío”, “Arraigo” (1994), “Arboleras1” (1995), “La boda estorbada” (1996), “Arboleras 2” (1997), “Tribus Hispanas” (1998), “Viva! quien sabe querer” (2002), “De ayer mañana” (2005) y “Diez” (2009).
Ha recorrido medio mundo actuando con su magnífica y fiel banda y ha colaborado con gran parte de los grupos de “recreación tradicional” de la Península.
Ha realizado “trabajo de campo” por buena parte de España junto a José Manuel Fraile y colaborado en los libros y discos de recopilación de éste, como transcriptor musical.
Cabe destacar también su “Suite Romance”, que estrenó el Ballet Nacional y la Orquesta Sinfónica de Madrid y su trabajo como músico y actor para la Compañía Nacional de Teatro Clásico en la obra de Lope de Vega “Peribáñez y el Comendador de Ocaña”.
Por último resaltar su labor docente desde hace seis años como profesor de percusión y canto tradicional.
Enlaces:
Web: www.mirmidon.es/Artistas/Eliseo%20Parra%20esp%2001.htm
Myspace: http://www.myspace.com/eliseoparra
Video: www.youtube.com/watch?v=eC53G1mufUQ
DISCOGRAFÍA
Al-Bedrio (Radio Nacional de España. 1992)
Arraigo (Centro de Cultura Tradicional. Dip. De Salamanca. 1993)
La boda estorbada (Música Sin Fin. 1995)
Arboleras (SAGA. 1996)
Tribus Hispanas (Música Sin Fin. 1998)
Viva quien sabe querer (Boa Music. 2002)
De Ayer Mañana (World Village – Harmonia Mundi. 2005).
Diez (Producciones Mirmidón – 2009)
Contradición (Producciones Mirmidón – 2011)
PRENSA
B!ritmos. 29 junio 2009
“Soy un animal de escenario”
Antonio Álvarez

Hace diez años, un apasionado de la música, con sobrada experiencias en el rock, en el jazz y en la música de baile, rompió moldes y visiones con un disco: Tribus Hispanas. Aquel músico ha seguido convenciéndonos de que la música tradicional, el folclore español, tiene tanta validez, vigencia y emociones como el de cualquier otra latitud. Hoy Eliseo Parra es uno de los baluartes de nuestras músicas de raíz. Tras el histórico álbum que le abrió horizontes, y sus dos –digamos- secuelas, cierra el círculo con Diez, un CD y DVD que recoge lo mejor de su música. Si Eliseo y su simbiótica banda están de celebración por esos diez años, nosotros celebramos que le tengamos a él, a su grupo y a su música, por diez e infinitos años.
Diez, ¿podemos definirlo como un cierre de trilogía de tus últimos tres discos, qué significado tiene para ti?
Es principalmente un homenaje a la banda. La mayoría de sus miembros lleva conmigo diez años, y son diez años sin mal rollo, siempre de buen humor, y muchas veces cantando en la furgoneta cuando vamos a tocar. Eso por un lado, y por otro, la gran aportación que han dado al sonido de mi música. Aunque ya llevo los arreglos más o menos estructurados, ellos lo desarrollan como especialistas en su instrumento y los elevan a lo máximo. También es una antología porque treinta y un temas son muchos temas, incluso para aquel que le guste mucho mi música. Los temas que aparecen en elvdisco no tienen nada que ver con los originales que se grabaron en mis tres últimos discos, el Tribus Hispanas, Viva quien sabe querer, y De ayer mañana. Hay grandes diferencias de como se grabaron a como se tocan hoy en directo, gracias a las aportaciones de la banda. Eso había que dejarlo grabado. Así que principalmente es un homenaje a la banda, pero luego, también coincide con los diez años de la salida del Tribus, y diez años con la misma oficina de management, que es Mirmidon, y que también ha sido la productora del disco. Y sí, sin proponérmelo abiertamente, es un balance y una antología de esos tres discos. Todo eso significa Diez.
Tenemos CD y DVD. ¿Esa idea surge entre vosotros, estaba pensado?
No. Más que nada, que hoy en día, si no haces un DVD, como que no estás al tanto. Y luego porque quería que quedara plasmada la banda con todos los músicos que han participado. No creas que me gustan mucho los discos con invitados y duetos, y cosas de estas que se llevan tanto. Mi idea inicial era que viniese la gente que ha pasado por la banda. Evidentemente, todos tenemos suplentes, bueno yo no, pero el resto sí, y también han venido unas cuantas veces a tocar conmigo. Y esa era la idea inicial, tampoco pueden estar todos porque en diez años han pasados unos cuantos…, pero tenía que estar Paxariño, por supuesto, que aunque no ha estado en la banda, si que ha participado en los tres discos; Tactequeté, el grupo con el que de vez en cuando también hacemos actuaciones, y luego Carmen Paris, que es muy amiga, y me gusta mucho, y Kepa Junkeracon el que últimamente estamos trabajando juntos en varios proyectos. Bueno, y todos los demás que hicieron un trabajo excelente. Guardo un recuerdo casi mágico de los tres días de conciertos que grabamos en Madrid.
¿Qué ha pasado con Eliseo Parra desde Tribus Hispanas hasta hoy?
Pues se me han ido muchos miedos y muchos temores a no hacer las cosas correctamente. Cuando empecé estaba dando palos de ciego porque no había precedentes con estas músicas. Yo y toda mi generación había pasado de las jotas a losBeatles, directamente. Entonces, quedaba ahí el eslabón perdido y aunque sí que ya existían Milladoiro y Oskorri o Al Tall y unos cuantos, no había un elemento aglutinador para mí que quería abarcar toda España. No sabía en quién fijarme. Para que no se perdiese la esencia, para tratarla con respeto absoluto, que era mi intención, te encontrabas un poco perdido. Después de diez años me encuentro con mucha seguridad a la hora de vestir los temas y pasar de lo que puedan pensar. También porque ya veo que ha funcionado, que la gente me dice que suena muy moderno, pero que no pierde la esencia, que era lo que a mí más me preocupaba. Además, porque creo que los que verdaderamente hacemos folclore somos los que recreamos la música tradicional, no los que lo calcan igual que como lo hacían los abuelos. Es necesario aportar nuevas cosas, y por eso hoy el folclore está vivo, por eso no se ha muerto, porque siempre ha recibido aportaciones, y una palabra fea, que es contaminación de otros lugares, de otras gentes, y que es maravillosa.
¿Qué significó Tribus Hispanas hace diez años?
Yo ya llevaba unos cuantos discos hechos, con el grupo de rock que tenía en Barcelona, con otros grupos de música de baile, y a partir de Tribus Hispanas con el folk se me conoció a nivel estatal. En la profesión se me conocía de cantante de salsa, de batería de rock, de varias cosas, pero el disco significó un antes y un después. Los medios y los especialistas reunidos en la revista Interfolk han elegido Tribus como el mejor disco de estos diez años. Y muchos músicos me han dicho que ha sido un ejemplo y un hito. ¡Pues yo que sé, será verdad, si ellos lo dicen! Uno hace las cosas simplemente por cariño y por hacerlas bien, y porque en el trabajo de campo te enamoras de todo esto, no todo por lo que te cantan, sino por lo que te cuentan, y como se vivía, y el interés que tenía la gente y lo que valoraba la música.
¿Y hay alguna diferencia en tu forma de trabajar, de abordar las composiciones, la investigación de hace diez años a hoy?
Sabes más, tienes más experiencia. Yo creo que es así, tienes más conocimiento a la hora de hacer las cosas, y corres menos riesgos. Entonces, sí, hay un poquito de diferencia, pero cuando hice Tribus Hispana, ya llevaba ocho años o más haciendo trabajo de campo.
Dices que la música tradicional o el folclore está vivo, ¿crees que ahora, la situación de la música tradicional en la Península Ibérica tiene el nivel de aceptación adecuado?
Creo que está de moda. Hemos pasado de cuando empecé con Mosaico, en los años 80, que enMadrid nos decían “iros al pueblo a tocar” a una aceptación muy buena. ¡¡Claro que entonces eran los años de la movida madrileña!!. Ahora hay una cantidad enorme de festivales de folk. Parece como si todos los pueblos quisieran organizar uno. Además, se han recuperado muchísimas fiestas tradicionales y se nota que gustan. Este tipo de música, yo que vengo del rock, que he tocado jazz, que he tocado salsa, me doy cuenta que es la única música que gusta a personas de cero a cien años, y especialmente a la juventud. Y está vivo porque lo veo, porque hay zonas concretas como podría ser la Vera, o pueblos de Murcia, que siguen conviviendo tres generaciones en donde el abuelo, el hijo y el nieto tocan juntos y el folclore sigue vivo, tal cual. Y además, se ha puesto de moda, hay mucha gente y mucho consumo. Hablando con un amigo americano me decía que ahora mismo en EEUU lo que más se vende es la world music, y en Europa no digamos.
¿Cuáles serían las razones de ese boom, la gente está cansada del resto de músicas que son siempre igual?
Sí, evidentemente. La gente está muy cansada de la misma canción y del mismo cantante. Aunque haya mil canciones y mil cantantes. Y luego, porque, lo veo en la gente joven, que es algo que les toca. Evidentemente, el código genético se hereda, y aunque nosotros ya no hayamos vivido esa manera de vivir, que era el caldo de cultivo de todas estas manifestaciones, de estas músicas, algo hay que toca la fibra de la gente. Nuestros abuelos lo han vivido y ahí llevamos algo.
¿Hacia donde debería dirigirse la música tradicional española?
Creo que tiene que caminar mucho. Siempre vamos a remolque, principalmente, de Europa y del resto del mundo, en donde lleva muchos más años funcionando. Aquí, hasta hace unos años se despreciaban estas músicas, incluso daban asco. O sea, que todavía le queda… mientras no se ponga de moda rabiosa estará vigente. Eso sería lo peor que le podría pasar. Cuando me dicen “tu tendrías que estar como está Alejandro Sanz”, pienso, mira, es mejor que la música tradicional no haya dado esos bombazos porque sino acabarían con ella. Todo lo que se pone de moda se quema en dos días. Al final hay que dar gracias a que esta música no esté de moda y no la machaquen en la radio. Si la pusieran como el resto de las músicas arrasaba con todas porque tiene una variedad increíble, con estribillos. No tiene rival, lo que pasa es que no interesa a los medios.
¿El problema serían los objetivos económicos?
A eso me refiero, porque entonces ya no se hace música por hacerla, sino por ganar dinero, que es el objetivo del noventa por ciento de la música que se hace hoy en día. Los chavalitos jóvenes que ven Operación Triunfo quieren ser ricos y famosos. Lo de cantar es el vehículo que les va a llevar hacia eso. Yo por suerte nunca lo he visto así, creo que la música merece muchísimo respeto y además, acabas dándote cuenta de que sin música el género humano no puede vivir.
¿En los trabajos de campo, aparte de lo estrictamente musical, que es lo que más te ha llamado la atención, en ese conocimiento de lo que es la cultura, o las culturas que hay en toda la Península?
Pues hay un denominador común en todas, que es la necesidad vital de cantar que había, que ahora es igual, solo que le das alplay y ya está. Pero antiguamente se cantaba absolutamente para todo, y especialmente para trabajar, que ya en sí es un esfuerzo físico. Cantar no es que sea picar piedra, pero también es un esfuerzo. Y siempre que he preguntado a las señoras, y digo señoras porque el ochenta por ciento de los informantes, que es como se llama a las gentes que te cantan cosas, te dicen que no podían trabajar sin cantar. No podían hacer nada sin cantar. Eso es el denominador común de todas las encuestas. Y otra cosa importante es el criterio que la gente tenía, el valorar a quien cantaba bien. Los bailes los hacían las señoras que sabían más. Me sorprendía ver el nivel como cantantes que tiene la gente mayor. Me he encontrado grabando a cada señora y a cada señor, que mientras estaban cantando, iba pensando, ¡dios mío!, yo me gano la vida de cantante, y esta señora me está dando cien vueltas. Nunca se ha dedicado, ni le interesa ni nada, pero tiene un nivelazo. Esas cosas se quedan en el corazón.
¿Has visto una España común o general en tu trabajo de campo, llegando a la raíz, a los pueblos, que son la base de donde luego ha salido el resto de la ciudadanía del país? ¿O hay una España, variada, amplia y multicultural?
Lo segundo, sin duda. Todos vivían igual, en el campo, hasta hace cincuenta años el noventa por ciento de la gente vivía en el campo, era población rural, y las necesidades eran las mismas. Y yo me extendería a todo el mundo entero. Se aprendían las cosas porque crecías y te desarrollabas en un ambiente en el que eso era común. Luego crecías en un pueblo donde había veinte personas tocando el pandero y cantando y si a ti te inclinaba eso no hacía falta que fueras a la escuela, cuando crecías te ponías a tocar y ya lo tenías. Y sí, hay muchísimas diferencias. Es un país muy pequeño si lo comparas con un Brasil o con unCanadá, que son enormes, pero la variedad que tiene es que no la tiene ningún otro país europeo, ni de lejos.
Si tuvieses que elegir algo de todas tus habilidades, de lo que haces en tu vida, ¿con qué te quedarías, algo que sin eso no serías tu?
Sin cantar, porque lo vengo haciendo desde chiquitín. No he sido un niño que tenía claro nada. Cuando me preguntaban que quería ser de mayor decía que no lo sabía. Pero resulta que he cantado desde pequeño. Ya en Valladolid, que vivíamos en corralas, como aquí en Madrid, ya me daban dinerillo y caramelos para que cantara a los vecinos. Cantaba de natural. Siempre estaba cantando y como se ve que no lo hacía mal, me hacía giras de corralas.
¿Qué sientes cuando estás en un escenario, cuando estás con tu banda, con Coetus, cuando ves que la gente está ahí respondiendo, disfrutando, sintiendo esa música, qué pasa por tu cabeza?
Pues hasta hace no mucho no le he dado la importancia que tiene. Hablar de la comunión entre el público y esas cosas me resulta raro porque yo soy de pueblo… pero sí que evidentemente hay una corriente energética que es recíproca, circular. Sales al escenario y ya sabes como está el público sin que nadie te diga nada, si está receptivo, o si está duro de pelar y te lo vas a tener que currar bastante para metértelos en el bolsillo. Se aprende, no sé, psicología energética de escenario. Pero soy un animal de escenario, eso sin duda. De estudio no, pero sí de escenario.
¿Cómo es la experiencia con Coetus?
Estoy muy implicado, muy orgulloso y muy contento, porque me recuerda a la parábola del sembrador, que uno va, sin querer, muchas veces, va haciendo cosas, y cantando, y llega un Aleix, un tipo que es un musicazo, que se ha ido a África a aprender el djembé a Senegal y luego me ve, descubre lo que hay aquí, se lo aprende todo y me dice “a ver, tócame el pesao ligero, ahora lo de Peñaparda, ahora lo de Sanabria”, y de golpe, al cabo de unos años me monta esta banda, que no deja de ser mi repertorio, que es lo que me ha oído a mí, y estoy orgullosísimo, son como mis niños. En el escenario me vuelvo y veo a todos los chavalillos jóvenes que no han visto un pandero cuadrado en su vida, que no saben donde está Peñaparda, pero que tocan con unas ganas y un interés y un ímpetu magnífico, con esa gracia, y esa sonrisa y ese jugar en el escenario, y claro se me cae la baba. Estoy muy orgulloso de Coetus.
¿Hay demasiada separación entre las músicas tradicionales que hay en España? Me refiero a que no hay músicos como tu, que coges de todas partes. Quizás, los gallegos sólo hacen música propiamente gallega y no se atreven a hacer algo con otras músicas, como por ejemplo, la vasca, o la andaluza.
No es que haya fronteras entre regiones. Si es que ya con una provincia entera tendrías suficiente para toda una vida, por lo que decía antes del grandioso repertorio que hay, que ha quedado y que todavía se puede escuchar en antologías y en cancioneros. Lo mismo que me pasa con los instrumentos me pasa con la música, no sólo voy a cantar de Castilla y León, que es mi tierra, aunque ya soy más catalán que castellano, y mi madre es andaluza. Así me ha gustado todo y me enamoro de una canción vasca y de una canción canaria, y de todas, pero con una comunidad tienes para toda la vida. No se acaba ni la investigación ni el repertorio, por eso los grupos suelen centrarse en un área concreta. Yo creo que soy la excepción.
¿Con el flamenco te has atrevido?
Tengo que tener un ángel de la guarda que me dice por aquí sí o por aquí no. Me acuerdo cuando vivía en Valencia y tocaba conAl Tall. A todos nos dio por el flamenco, e hice mis pinitos. Un día tocando con Toni Xuclà i Enrique Esteve me puse a cantar un flamenco ligero y cuando salgo del escenario, un gitano que sabía me dice: “eso que has cantado del Porrina de Badajozestá muy bien, pero lo tuyo no es el flamenco”. Y fue automático. Pensé que tenía razón y le hice caso. A él y a mi ángel de la guarda.
El Mundo, 19 de diciembre 2008
Alta escuela con raíces
Ya era hora de que nuestro gran rastreador de músicas tradicionales grabara un álbum en directo, permitiéndose hasta tres días de recital para tener dónde elegir luego frente a la mesa de mezclas. Dicho sea todo ello con el permiso de Joaquín Díaz, Luis Martín y el resto de los históricos que en el género han sido y siguen siendo…
Escuchando cantar a Eliseo Parra, poco importan las matizaciones que diferencian la música folk de la tradicional. Por encima de ellas, cuenta su sello creativo. Hay que comenzar señalando, ante todo, que estamos frente a un artista cuya actitud queda lejos de la exhibida por el purista acérrimo e incluso por el intérprete actualizador, que cifra en los milagros de la tecnología punta el aggiornamento de repertorios con raíces.
Eliseo Parra predica acústicamente la fiesta, el tiempo musical medio y el lento, hecho balada o canción de cuna, con verdadero paisajismo: empaque orquestal, gama de acuarelas en las texturas de voz y, sobre todo, voluntad de comunicador. Así se pudo comprobar en temas como los titulados Por el azul de este mar, El pino, El reloj de Valdetorres, Van por el aire, Las jotas del chato y La nana del roble, a los que se unieron en su cancionero Cigüeña, El silenci d’estimar, Columpio, Ama zeuriak y Fúlgida luna. En la puesta en escena, ayudaron sus propios compositores, el saxo Xavier Paxariño y el acordeonista Kepa Junkera, a título de artistas invitados, aparte de Dimitris Psonis a las cuerdas, Tactequeté y Paco Botia a las percusiones, por si fueran pocas, Jesús Parra a la guitarra, Dani Espasa al piano y Amir Hadad al bajo eléctrico.
Tras su poderoso recital este verano en el Festival de Frigiliana, Eliseo Parra dejó en el aire toda una celebración de alta escuela, con impagables momentos de jam session. Sus músicos parecieron disfrutar sobre el escenario tanto o más que el público en las gradas del centro cultural que los acogía.
.
Público.es, 8 junio 2009
Coros, danzas y aire acondicionado
Eliseo Parra repasa más de veinte años dedicado a la renovación de la música tradicional en su disco Diez
La voz del pueblo suena a campana y pandero. La voz del pueblo es fina e irónica, porque habla con sentencias y necesita poco para acompañarlas. “Por mucho que corte el filo, más corta una mala lengua”, se canta con una pandereta. A la voz del pueblo le basta con una cazuela, un plato y unos tenedores para cantar de desamores, desazones, traiciones que arden generación tras generación. Sobre todo, la voz del pueblo son canciones que puede cantar cualquiera. Pero si las canta Eliseo Parra (Sardón de Duero, 1949) suenan a fiesta.
El músico que en los 70 y 80 odiaba todo lo que sonara afolclore, que lo único que quería era tocar su batería y cantar en inglés. El que pasaba del rockal jazz y de ahí a la salsa y al flamenco; al que se le veía con Jaume Sisa, Gato Pérez o Maria del Mar Bonet, entre tantos; ese Parra que dice quea pesar de todo este trayecto musical tan florido su máxima es “no buscar nada” y le queda de lo más zen, no pudo escapar del encanto del musicólogo y destacado dulzainero segoviano Agapito Marazuela (1891-1983), ni renunciar a la voz del pueblo que el etnólogo le enseñó.
Así que deja Barcelona en 1983 y llega a Madrid, desde donde se dedica a la recuperación de la música tradicional. Conoce a José Manuel Fraile: “Y enseguida ligamos la hebra”. Como es ciego, estuvo 15 años recorriendo los pueblos de España, a lo Paul Bowles por el Rif. “Eso enseña muchísimo más que el mero hecho de recoger una canción, un cuento o un romance. Gente que no conoces de nada te abre la puerta”, se sorprende el hombre urbanita.
Y en el camino publica Tribus hispanas en 1998, con el que enseña la patita: inspiraciones propias a partir de coplas y danzas de la zona central de la península Ibérica. Ahora, aparece Diez(Mirmidón), un CD y DVD tributo de aquel disco, grabado durante tres días en el teatro Galileo de Madrid, con invitados como Carmen París, Kepa Junkera o Javier Paxariño.
Letras de oídas
Dice que le ha salido más lento de lo que suelen ser sus discos. También se alegra es difícil imaginárselo triste de vivir en un país donde “todavía funciona la tradición; basta con ir en verano por los pueblos para ver las rondas”. Y de vez en cuando suelta algún juicio tan ardiente como las letras de esas canciones que escucha a viejas de negro: “El patrimonio cultural es una herencia tan importante como las catedrales”.
Debe de haber una extraña razón por la cual, a pesar de las comodidades, la canción en el campo se resiste a pasar a mejor vida. La siega se hace en un chisme con aire acondicionado, nevera y equipo de música, “ya nadie las canta en ese momento”, pero ahí están. Quizás por eso la cigüeña y la culebra de la que habla uno de sus temas, o Las jotas del chato, o El reloj de Valdetorres o laNana del Roble, hayan escapado de la memoria en polvo de archivos y museos.
Más rarezas: del choque urbano con lo rural ha aflorado en una necesidad de encontrar algo que no sea de plástico y en una música con un mínimo de dignidad. “La música hoy es una gran mentira”, dice agrio Parra, que está acostumbrado a canciones como aforismos: “Sé cantar/ sé bailar/ se tocar la pandereta” y para qué más. “Tocar el pandero no da de comer/ pero, por si se ofrece, bueno es saber”, dice Eliseo que “ahí está todo”.
“El folclore le gusta a todo el mundo. Debe ser por la herencia genética cultural. Algo hay ahí dentro. Tú no lo has vivido, pero tus abuelos sí”. Y recuerda una copla: “Hay muchos tesoros en la tierra/ el oro, la plata y el marfil/ pero la mayor riqueza es ir a dormir tranquilo”. Eso no es una copla, es una bomba.


